OEV: EL PRESIDENTE ASFIXIA (AUN MÁS) A LA DEMOCRACIA

17/05/2017

  • El Presidente persiste en decretar el Estado de Excepción, como una manera normal ejercer el poder.

  • La respuesta a la crisis, no puede ser centralizar el poder para que se pueda controlar y silenciar el disgusto nacional.

El Presidente Maduro, acaba de firmar un decreto que restringe las garantías constitucionales para “preservar el orden interno” y con ese fin  se otorga al Ejecutivo la facultad para que adopte “las medidas urgentes, contundentes, excepcionales y necesarias…”, entre ellas “diseñar y ejecutar planes de seguridad pública que hagan frente a las acciones desestabilizadoras…”.

El Presidente persiste en decretar el Estado de Excepción, como una manera normal ejercer el poder. Lo que cabe resaltar en esta oportunidad es la situación en la que lo hace, caracterizada por un severo conflicto político y el desarrollo, durante más de mes y medio, de masivas protestas populares contra su gobierno, las cuales han sido reprimidas, al paso que han sido desdeñadas las legítimas razones que las motivan.

De esta manera, el Presidente continúa evadiendo la grave crisis por la que atraviesa el país, la cual afecta de una manera profunda la vida diaria de los venezolanos. Ha rehuido en diversas oportunidades la consulta popular a través de diversas decisiones emanadas de poderes públicos que, con sus actuaciones, han hecho a un lado su imparcialidad. En este mismo sentido, cabe mencionar que últimamente ha propuesto la realización de una Asamblea Nacional Constituyente, ampliamente cuestionada desde el punto de vista legal con respecto a las maneras a través de las cuales se pretende llevarla a cabo.  Igualmente objetada desde el punto de vista político, al ser considerada como una ruta que no sólo no resuelve los problemas nacionales, sino que los aumenta y empeora.

El Observatorio Electoral Venezolano (OEV), estima que el nuevo decreto de emergencia firmado por el Presidente es, otra vez, una pésima respuesta a la realidad que confrontan los ciudadanos. En efecto, la respuesta no puede ser centralizar el poder para que se pueda controlar y silenciar el disgusto nacional, nítidamente reflejado en las encuestas de opinión, y comprensible si se observan las estadísticas que fotografían nuestro entorno. No puede ser, en fin, asfixiar más a la democracia a fin de que los venezolanos no se expresen.

Es, en suma, una respuesta inadecuada e inconveniente para todos, incluso para el propio Gobierno, además de peligrosa.

 

Caracas, 17 de mayo de 2017

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